JACA Y SU ENTORNO

Sin lugar a dudas Jaca puede considerarse como la ciudad más emblemática del Pirineo aragonés. Desde su estación es posible realizar innumerables y cautivadoras rutas ecoturísticas. Además Jaca, por sí misma, merece una visita, de modo que, partiendo de la misma estación recorreremos las calles en las que podremos ver, entre otros monumentos, la catedral del siglo XI, una de las joyas del Románico español. En el interior existe un importante museo diocesano. Monasterio de las Benedictinas (alberga el sarcófago de Doña Sancha). Ayuntamiento, con portada plateresca y la Ciudadela, fortín militar mandado construir por Felipe II. Tras la visita a la ciudad, podemos coger nuestras bicis y dirigirnos hacia la Peña Oroel, impresionante mole montañosa que domina Jaca, y hacia la Sierra de San Juan de La Peña, que alberga al que podríamos llamar “el Covadonga aragonés”.

Catedral de Jaca

Ciudadela de Jaca

Monasterios de San Juan de la Peña: El Viejo o Bajo, de estilo románico, se encuentra construido en la roca viva, bajo una impresionante cueva y el Nuevo o Alto, de estilo barroco. A lo largo de nuestro recorrido encontraremos interesantes poblaciones: Santa María de la Serós, con iglesia románica del siglo XI y ermita de San Caprasio. Binacua, con iglesia parroquial románica. Alastúey, también con iglesia románica. Botaya, con la iglesia románica de San Miguel (siglo XII). Canfranc: estación fronteriza (como curiosidad, tiene tantas puertas y ventanas como días tiene el año).

Para ir al monasterio, tomaremos la carretera que une Jaca con Bernués, atravesaremos el Puerto Oroel, esfuerzo que será compensado por el fantástico paisaje de la ruta, entre pinares y acantilados rocosos. Incluso, con suerte, podremos ver al amenazado quebrantahuesos volando sobre nuestras cabezas. Seguiremos nuestro camino por la carretera local que nos conducirá a los monasterios de San Juan de la Peña (el Viejo o Bajo, del siglo X, excavado en la roca viva, y el Nuevo o Alto, de estilo barroco.) En torno al Monasterio Nuevo recorreremos la llamada ruta de los miradores: el Balcón de los Pirineos, el de Santa Teresa o el de San Voto, atalayas desde las que podremos disfrutar de inmejorables perspectivas del Pirineo aragonés e incluso de cumbres ya en tierras navarras.

Volveremos al monasterio Nuevo dirigiéndonos a la ermita de San Salvador, descenderemos por el collado de Cúculo y el barranco de Carbonera, enlazando con la carretera. Atravesaremos magníficos bosques de pinos y hayas. Llegaremos así hasta Santa Cruz de la Serós, pueblo que guarda auténticas joyas del arte románico. Nuestro camino nos llevará junto al barranco de Atarés, al que veremos unirse con el río Aragón. Siguiendo su curso llegaremos a la carretera donde habíamos iniciado el recorrido.

Desde Jaca aconsejamos tomar nuevamente el tren y dirigirnos hasta Canfranc. Sólo por ver la magnífica estación, el viaje habrá merecido la pena. Estaremos ya en pleno Pirineo, al pie del Camino de Santiago y el sendero de Gran Recorrido GR-11, por los que descubrir barrancos, ibones, fortalezas militares y perdidos refugios. Sus alrededores nos ofrecen magníficos bosques de pinos, abetos, avellanos y hayas, en los que también crecen acebos y tilos. Entre la avifauna podemos citar: quebrantahuesos, alimoche, águila real y urogallo; entre los mamíferos, jabalí, corzo y tejón.

SUBIDA A PEÑA OROEL

Características: Subida 1h. 45´. Bajada 2h. 05´. Altura, 1.769 m.
Desde Jaca seguiremos la sinuosa carretera A-1.205, en dirección a Bernués y San Juan de la Peña. Después de 6,7 km. tomar hacia el Este una pista asfaltada, durante 2,5 km., hasta el mirador de Oroel.
La mole de Oroel semeja un gran navío varado sobre los llanos de la Bal Ancha, depresión intrapirenaica. La cumbre domina el quebrado horizonte de la Jacetania y del Serrablo. Los escarpes de conglomerado que forman la peña se encuentran arropados por una rica vegetación, bien desarrollada gracias a la diversidad de pisos bioclimáticos y orientaciones.
La ruta de ascensión es entretenida y puede añadir otro atractivo más visitando la ermita rupestre de la Virgen de la Cueva.
0¨00 Merendero del Mirador de Oroel, 1.186 m. Frente al restaurante del Mirador, junto a un depósito de agua y a un cartel de prevención de incendios forestales, seguiremos un camino que gana fuerte desnivel en dirección sur, a través de un acogedor bosque de pinos.
0´40 Continúa la ascensión por la inclinada vertiente septentrional de la montaña. Sin embargo, el bosque cambia de protagonista, y son los abetos quienes custodian al evidente sendero. Superado el bosque avanzaremos hacia el oeste, para cruzar una pequeña muralla de conglomerado.
1´25 Collado que da acceso al lomo de la Peña. 1.727 m. Una vez alcanzada esta zona, conocida como Las Neveras, proseguiremos la marcha por la cresta hacia la cima occidental.
1´32 Flecha y marcas de pintura que indican la ruta a la Virgen de la Cueva. Dejaremos ese itinerario para el regreso y continuaremos por los pastizales que forman el lomo de la montaña, manteniendo la dirección oeste.
1´45 Después de superar las suaves pendientes finales se alcanza la cruz de Oroel, 1.769 m. Ante nuestros ojos aparecen grandes cumbres pirenaicas, Peña Forca, Bisaurín, Aspe, Collarada, Telera, Tendenera... Jaca a los pies de esas montaña, mientras que al sur podemos descubrir sierras como la de San Juan de la Peña, Oturia y Guara. Derivación a la Virgen de la Cueva: Volver por el lomo de la sierra, en dirección Este.
2´00 Nacimiento del desvío a la ermita. Seguir el pequeño sendero que desciende por la vertiente sur de la peña. El itinerario pasa por unos pastizales o eretas, y se introduce en un denso pinar.
2´20 Oquedad que cobija la ermita, 1.460 m., fuente cercana. Un muro de mampostería cierra parte de la cueva y forma el pintoresco templo, visitado en romería durante el último domingo de mayo. Desde la ermita una senda más estrecha permite descender a la carretera que circula por el sur de la sierra. En el caso de no contar con un vehículo receptor en esa ruta deberemos dar un largo rodeo para alcanzar el aparcamiento, al norte de la montaña. Por ello resulta aconsejable volver a subir al lomo de la sierra y regresar por la ruta de ascensión.

GRANDES RUTAS: LA VARIANTE GR 65.3.2

Variante GR 65.3.2: Cruce (caseta del Municionero) - Atarés - Cuatro caminos - San Juan de la Peña - Santa Cruz de la Serós - Binacua - Cruce GR 65.3.

Los peregrinos que utilizaban el Puerto de Somport para cruzar el Pirineo eran, por la lógica que seguían las vías romanas, los provenientes del N.E. de Francia y de Italia. Las vías principales llegaban a confluir en la ciudad de Toulouse, motivo por el que esta ruta es llamada la Vía Tolosana; pasaba luego por Auch y Pau y, tras Oloron penetraba en el Valle de Aspe y llegaba al Summus Portus (hoy Somport), donde entraba en tierras aragonesas.
El GR 65.3 atraviesa las comarcas del alto Valle del Aragón: Jacetania, Canal de Berdún y Valdonsella. Se inicia el recorrido en el Puerto de Somport, paso fronterizo entre España y Francia a 1.632 m. de altitud, desde donde desciende a Canfranc y Villanúa. Desde aquí existen dos variantes del Camino por las que se llega a Castiello de Jaca.
El GR 65.3 pasa por Jaca, importante hito del recorrido al tratarse de una ciudad de gran importancia histórica. Su catedral románica sirvió de modelo a posteriores edificaciones a lo largo del Camino de Santiago.
El sendero, siguiendo siempre el curso del río Aragón, toma dirección hacia el O. A poca distancia de Jaca existe una variante que tras dejar Atarés, asciende hasta los monasterios románicos de San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós. Desde aquí, tras pasar por Binacua, retoma el camino original en dirección a Navarra, se atraviesan los núcleos de Santa Cilia y Puente la Reina y se pasa próximo a las localidades de Arrés, Martes, Mianos y Artieda. Más tarde, Ruesta (con camping, albergue y un proyecto importante de rehabilitación a cargo del sindicato CGT) y Undués de Lerda serán las últimas poblaciones aragonesas por las que el Camino discurra antes de entrar en Navarra y seguir su curso hasta Santiago.
Existe otra variante denominada GR 65.3.3, Camino de Santiago por el Puerto de Palo. Esta bonita variante permite llegar a tierras aragonesas (Valle de Echo) desde Francia, por uno de los pasos claves para cruzar los Pirineos. Recorre la Selva de Oza, pasa por Siresa y Echo, atraviesa longitudinalmente la Sierra de los Dos Ríos, y por encima de la Foz de Biniés se llega a Biniés, más tarde a Berdún y Martes, población esta última donde conecta con el GR 65.3.
El recorrido lineal del GR 65.3, con una longitud de 190 km., consta de cinco etapas, sin contar variantes ni PR, que pueden llevarnos otras 4 ó 5 etapas más. Este sendero es una variante del Sendero Europeo E-7.

Somport - Candanchú - Canfranc Estación - Canfranc/Canfran - Villanúa/Bellanuga - Castiello de Jaca/Castiello de Chaca - Jaca/Chaca - Santa Cilia de Jaca/Santa Zilia de Chaca - Puente la Reina/Puen d’a Reina.

SAN JUAN DE LA PEÑA

Ubicada en la zona más noroeste de la provincia de Huesca, lindando con las Altas Cinco Villas y Navarra y la gran barrera de los pirineos al norte, este espacio se superpone al que dió origen al viejo reino de Aragón
El río Aragón (¡Siempre el agua!), San Adrián de Sásave, Jaca, Sancho el Mayor de Navarra y su nieto Sancho -el primero de los Ramírez-, San Juán de la Peña, Siresa carolingia...
El marco se ajusta perfectamente al inicio de nuestra andadura. Allí hay que mirar y buscar para encontrar los orígenes.
Hay de todo; incluso disidentes, como lo fué el abad Banzo de Fanlo; inmovilista contrario a trocar rito mozárabe por el oficial romano, lo cual le valió caer en desgracia ante un rey con su palabra comprometida con el papado.
Se apunta hacia esta disidencia como una cualidad más del curioso estilo (fuera de los cánones oficiales) del románico del Gállego, con sus frisos de baquetones y su mozarabismo como emblema.

El paso pirenaico de Somport, siguiendo la cuenca del río Aragón da entrada al Camino de Santiago en el altoaragón. También por el puerto de El Palo, en la cuenca del Subordán, se comunicaba con Francia; pero el movimiento cluniacense, prefirió el primero.

Donde el estrecho valle se ensancha y conecta con "la val ancha" de la canal de Berdún, Sancho Ramírez poseía una pequeña finca, que su visión europeísta, a la vuelta de Roma, trocó en la capital de su incipiente reino: Jaca. Construyó una catedral como sede del Episcopado aragonés, residente hasta entonces en San Adrián de Sásave, dotó a la ciudad de fueros y fue el ombligo de su reino, hasta que descendientes suyos, a base de conquistar tierras al infiel y agrandar el reino, trasladaron los centros de poder cada vez más al sur..Huesca..Zaragoza.
En su entorno, monasterios emblemáticos. San Juán de la Peña, Siresa, Sásave...
Al sur, la peña Oroel, en cuyo entorno "Sodoruel" le dicen por aquí, hay un buen número de iglesias románicas.
Los valles de los ríos Basa y Guarga dan lugar a las rutas de Basa y Serrablo, como antíguas vías de comunicación hacia el este; hacia el Sobrarbe.

HISTORIA: Cuenta la leyenda que un noble aragonés llamado Voto estaba cazando a caballo en esta comarca, cuando persiguiendo un ciervo cayó desde el precipicio del monte Pano, y al ver la muerte cercana pidió ayuda a San Juan Bautista, que le posó suavemente en el suelo. Allí mismo, tras el saledizo rocoso, había ya una ermita dedicada a San Julián y Santa Basilisa, y en este lugar San Voto, tras vender sus bienes, emprendió una vida eremítica. También leyendas son las que relacionan el lugar con anacoretas como Juan de Atares, San Félix, Benedicto, Marcelo y otros. Igualmente se relaciona el monasterio con el Santo Grial, motivo este que fué de peregrinación a este paraje. Y es que la ubicación del monasterio, bajo la oquedad rocosa del monte Pano, como la de algunos otros monasterios españoles de tiempos de la Reconquista, presta facilidad para la imaginación de leyendas y de míticos eremitas. En la inmediatez de un frondoso bosque y bajo la citada visera rocosa, excavado en la roca, se halla este sorprendente monasterio, en unos paisajes también adictos a la leyenda.

No ya leyenda sino historia es la de los reyes y nobles aragoneses que favorecieron el crecimiento y desarrollo de este monasterio hasta, ya con bastante posterioridad, la construcción de otro en la parte superior del monte, de mayores dimensiones espaciales y menores dimensiones artísticas. Así fué como en un principio reyes de Navarra como García Jiménez y condes de Aragón como Galindo Aznárez, en los Siglos IX y X promovieron el pequeño monasterio de San Juan Bautista, citado en las crónicas de la época. Ya en el Siglo posterior otros reyes hasta Sancho el Mayor continuaron esta tutela y favor hacia el eremitorio, y como se ha citado anteriormente fué en el Siglo XVII y tras un incendio, cuando se construyó el monasterio superior. Promovido por tan altas instancias no es raro que el monasterio llegara a ser lugar de enterramiento no solo de nobles, sino también de reyes aragoneses. Centro cultural y espiritual, religioso y patriótico de los bravos aragoneses de los tiempos de la Reconquista, cuenta con influencias mozárabes en su construcción, y con varios recuerdos en algunos casos, más que de lo árabe, de lo visigótico.

PLANTA INFERIOR: Estructuralmente podemos distinguir dos plantas correspondientes a distintos periodos constructivos, estando en la superior el característico claustro cuyas imágenes evocamos en otro apartado, por lo que pasaremos a describir la planta inferior; tiene dos elementos, la sala de los concilios y la primitiva iglesia mozárabe. Esta última tiene la advocación inicial a los santos Julián y Basilisa, y consta de dos naves con cabeceras rectangulares dedicadas a los santos citados y a San Juan Bautista. La puerta tiene arco peraltado de caracter visigótico y las cabeceras están excavadas en la roca. La iglesia se amplió posteriormente con una nave única que se encuentra en el nivel inferior. Como detalles decorativos cabe resaltar la decoración de pinturas con escenas del martirio de los santos Cosme y Damián y una crucifixión, pinturas románicas del Siglo XII, y unas hornacinas en los ábsides en sustitución de las imposibles ventanas. Junto a la iglesia se halla, en un nivel inferior, la Sala de los Concilios, de forma trapezoidal y dividida en dos naves por cuatro columnas con arcos de medio punto. El nombre deriva de un posible concilio celebrado en la misma en tiempos de Ramiro I, aunque utilitariamente pudo haber sido el dormitorio de los monjes.

PLANTA SUPERIOR: Reyes y nobles, guerreros y monjes distribuyen su enterramiento en este monasterio, según su dignidad en casos, enterrados en un panteón de Nobles y otro de Reyes en esta planta superior, y algunos enterramientos de abades y monjes en la inferior. Estos panteones van adosados al costado izquierdo de la iglesia superior, de advocación a San Juan Bautista, y que encuentra su basamento en la nave que construyó Sancho el Mayor en la iglesia inferior. Esta iglesia consta de una nave que culmina en tres ábsides semicirculares decorados con arcos ciegos que se elevan desde la imposta y que están excavados en la roca, comunicándose entre si a la vez por arcos de medio punto internos al ábside, siendo el arco y el ábside central más grandes que los laterales. La nave es única y decorada con elementos ajedrezados en uno de sus lados, iluminándose al fondo por la existencia de ventanas en el hastial Suroeste. Tiene a un lado las puertas de acceso a los panteones y al otro lado, y a través de una puerta mozárabe, al claustro. La iglesia se consagró en el año 1094 y se suele relacionar con la introducción de los ritos cluniacenses. El adosado Panteón de los Nobles es un espacio a modo de corredor en donde se inscriben dos hileras de nichos, cuyo frontal es un tímpano semicircular con crismones, cruces y otras decoraciones románicas. Junto a él, pero entrando por la iglesia, está el Panteón de los Reyes, totalmente reformado en el Siglo XVIII.


CLAUSTRO: Inimitable y sorprendente, el claustro se nos muestra al aire libre y solo cubierto por la desnuda roca del monte Pano, que le hace visera y lo cubre. De forma rectangular, se han perdido varias de sus arcadas y de sus capiteles, estando algunos de los que quedan bastante deteriorados. Todos ellos se encuentran elevados sobre un podio corrido en el que se alternan columnas de fustes simples, dobles o cuádruples, decoradas en su parte superior por un taqueado jaqués recortando cada arcada. En los capiteles se han logrado rastrear dos escuelas totalmente distintas, una de estilo languedociano, cuya característica es la decoración a base de motivos vegetales, y sobre todo de animales, entre los que podemos ver leones alados, caballos, grifos, y otros seres, algunos enfrentados y otros devorándose entre ellos. Su estado de conservación no siempre es bueno y son totalmente característicos del estilo citado. Por otra parte trabaja la escuela del llamado Maestro de San Juan de la Peña, a la que se puede ver en otras localidades aragonesas y navarras como Biota, Huesca (San Pedro el Viejo), Aguero, Uncastillo o Sanguesa. Los capiteles de este Maestro son veinte en este monasterio y recorren iconográficamente desde el Génesis, el nacimiento e infancia de Jesús, la vida pública de Cristo y por fin el ciclo Pascual, acabando en la Ascensión. Así podemos ver desde la Creación a escenas de Adan y Eva como la expulsión del Paraiso, Caín y Abel, la Anunciación, Visitación y el Nacimiento, Anuncio a los pastores, Epifanía, Sueño de José y Huida a Egipto, Matanza de Herodes, Sueño de los Magos y escenas de la vida pública de Jesús como el Bautismo de Jesús, las Tentaciones en el desierto, Jesús elige a los Apóstoles, La pesca milagrosa, Bodas de Caná, Resurrección de Lázaro, La mujer adúltera y Jesús en la casa del Centurión y por último el ciclo Pascual con la Entrada en Jerusalén, Judas ante el Sanedrín, La última cena, Las apariciones a Santo Tomás y a los discípulos de Emaús y la Ascensión. Todo un ciclo iconográfico y un Biblia en piedra para los iletrados. El maestro de San Juan de la Peña desarrolla en estos capiteles su estilo muy personal, caracterizado por aplicar unos grandes ojos ovalados y muy resaltados, como de insecto, a sus personajes, lo que los dota de una especial expresividad; unos pliegues planos pero remarcados por líneas discontinuas con las ropas totalmente pegadas al cuerpo, y un especial sentido de la adaptación de los personajes e historias al capitel, llenándolo plenamente en unos casos y dejando vacíos en otros, con escenas de figuras aisladas y otras multitudinarias y con gran economía de medios figurativos, pero dando en muchos casos con una buena solución expresiva e iconográfica al tema representado. Las escenas tienen una expresividad muy especial, pues tanto los gestos como las expresiones son siempre serenas y reposadas, un tanto estáticas y muchas veces ingenuas, dando a los personajes una autenticidad que los hace prototipos, y a la vez reflejando una gran profundidad simbólica. Iconográficamente podemos señalar que mientras los capiteles con bestiarios nos hablan de sentimientos contrapuestos (animales enfrentados), la lucha del hombre contra el pecado (luchas de animales y hombres) y de otras concepciones simbólicas que se repiten incesantemente en la escultura románica, básicamente como contraposición del bién y el mal, la obra del Maestro de San Juan de la Peña nos lleva a un programa de caracter didáctico, como representación figurada de la Biblia que es, pero también a un programa de gran profundidad simbólica y también psicológica a veces valiéndose de una iconografía sorprendente. Adosados al claustro con sendos pórticos, están las capillas de San Victorián y la de San Voto y San Félix, obras posteriores entre renacentistas y barrocas.

 



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